
Érase una vez un pueblo donde las noches eran largas y la muerte contaba su propia historia.
En el pueblo vivía una niña que quería leer; un hombre que tocaba el acordeón y un joven judío que escribía cuentos hermosos para escapar del horror de la guerra.
Al cabo de un tiempo, la niña se convirtió en una ladrona que robaba libros y regalaba palabras.
Con esas palabras escribió una historia hermosa y cruel que ahora ya es una novela inolvidable.
Una historia contada con mucha ternura. Toda la historia está contada en tercera persona por una narradora un tanto peculiar. La propia muerte. Aquella que recoge los horrores de la guerra. La Alemania nazi. No todos los habitantes de Alemania comparten los ideales del nazismo, sin embargo todos sufren sus consecuencias.
El estilo de escritura caótica, no te engancha desde el principio pero más adelante si lo hace, poco a poco, no te atrapa del todo, pero sí es una historia tierna. Sobre todo para los amantes de la lectura por la ternura de la propia historia de la niña.
A veces se me ha hecho un poco pesado. Pero tal vez sea por lo parones que he tenido que hacer por causas ajenas al libro. Creo que este libro se merece un momento en tu vida de plena tranquilidad y descanso, de otra manera no será tan especial como creo que puede ser, sin embargo yo espero encontrar otro momento mejor para releerlo.
Ahora no dejaría de leerlo, pero esperaría a su momento.
No sé muy bien que nota darle, así que lo dividiré:
A la historia en si: 7/10
A los personajes: 7/10
A la forma de contar la historia: 5/10
Originalidad: 8/10
¿Es ameno? 5/10
Engancha: 5/10